jueves, 18 de septiembre de 2014

Vivir la montaña


Recuerdo exactamente el momento en que descubrí que la montaña seria una de mis pasiones. Volvía de Puigcerda con un compañero después de pasar allí el fin de semana para disfrutar de una pequeña ruta en BTT.  Durante la vuelta decidimos desviarnos a mano izquierda ,en la "Collada de Tossas", y subir por una estrecha carretera dirección a un pueblo llamado "Ventolá", allí en lo alto de esa pequeña montaña vi una imagen la cual no olvidare en la vida.

Hasta este día nunca me había sentido atraído por la montaña, si que es cierto que la frecuentaba periódicamente para practicar una de mis tantas aficiones, el snowboard, pero nunca me había fijado en lo imponente que puede llegar a ser y lo sumamente minúsculo que te puedes llegar a sentir ascendiendo a alguno de sus picos mas altos. Empiezas a caminar por la pendiente de su falda, miras hacia arriba intentando ver el pico que tienes como meta fijada y pocas veces lo divisas ya que suele estar tapado por alguna nube o alguna otra montaña, la cual tienes que culminar primero. Sabes que tu objetivo no va a ser fácil, tendrás que acumular un desnivel en tus pies de 1000, 2000 o 3000 metros. Esto te hace sentir la persona mas diminuta del mundo, una cura de humildad tremenda a cada paso que das para recortar esos metros de pendiente que aún quedan por encima de tu cabeza. Y cuando te das cuenta de lo realmente colosal que puede llegar a ser esta eminencia topográfica llegas a tu meta. El pico que te habías propuesto culminar. Y allí, al mirar hacia abajo y dibujar con tu mirada el camino seguido se te eriza completamente vello y es imposible explicar el porque de tu satisfacción después de tantas horas de sufrimiento. ¿Que es lo que compensa tanto esfuerzo? ¿Las impresionantes vistas? ¿El pensar que lo has logrado? ¿La belleza del camino recorrido? la verdad es que a día de hoy no tengo ni idea, cada montaña que recorro me reconforta, me hace crecer como persona y me importa bien poco el porque.


Volviendo a la imagen que recordaré el resto de mi vida... allí estaba yo, subido en una pequeña roca con un atril delante donde había dibujado el perfil y altitudes del conjunto de montañas que podía divisar justo delante mio. Sin quitar la mirada del cúmulo montañoso, le pedí a mi compañero que me hiciera una foto, después de hacerla aún me quede un buen rato apreciando el bello paisaje. Ese fue el momento exacto en el que decidí que me aficionaría a la montaña. Lo vi claro, esa obra arquitectónica natural, en concreto, me había cautivado y sabia que tanto andando, corriendo como esquiando quería estar cerca de la montaña. De repente, un fuerte chasquido de dedos de mi compañero me despertó repentinamente de mi sueño insomne, aún así fue necesario un bien vocalizado "¿Vamos?" de mi colega para ponerme en marcha de nuevo hacia el vehículo para retomar la vuelta a casa.

El lugar del que hablo y que hizo de detonante a mi pasión por la montaña es "La Serra de Montgrony", su pico mas destacado no es ni mucho menos de los mas altos de Cataluña, pero por algún motivo especial ese lugar me cautivó y sumó una afición mas a mi larga lista.

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