El típico tópico de que en las vacaciones tienes mas faena que trabajando es totalmente cierto. Después de gestiones que tenia pendientes y llamadas de amigos para echar cervezas o ir a la playa, he llegado a la conclusión de que tengo dos semanas menos para prepararme la ultra del mes de octubre.
Así que este pasado jueves me hice el mejor regalo de cumpleaños que podía hacerme: una salida por montaña, de las largas, sin mirar tiempos, de las que me gustan a mi.
Despierto a eso de las 8:00 y antes de las 9:00 estaba en marcha. Fueron unos preparativos mínimos y sin tiempo apenas, cosa que mas adelante me pasaría factura. Con la mochila cargada de agua y un gel que tenia por casa olvidado, emprendo rumbo a la "ciutat esportiva" para después adentrarme en la montaña dirección al "turó del vilar". La idea era hacer el recorrido de la "Mar i Murtra", pero en el kilómetro 15 dejándome llevar por la euforia decido improvisar y hacer de explorador, me desvío dirección Montbarbat.
Era un jueves laborable y la montaña estaba apenas transitada salvo por algún ciclista suelto, nunca imaginé meses atrás que se pudiera disfrutar tanto de la soledad. Cada vez que paraba para mirar hacia atrás y ver tan distante la colina de la cual venia me proporcionaba una euforia descontrolada y desbocado empiezo a recorrer caminos y senderos cada vez mas estrechos y ratoneros, la verdad que esa primera mitad del entreno fue todo un disfrute.
El resto de entreno fue puro sufrimiento y pesimismo, miro el Suunto, por primera vez desde que salgo de casa, y me marca que llevo 20 kilómetros de entreno, me doy cuenta de que no tengo ni remota idea de donde estoy, calculo que me he desviado mas de 5 kilómetros del recorrido de la "Mar i Murtra" debo estar entre Lloret y Vidreras. Empiezo a pensar en lo que me queda de vuelta, no solo para enlazar con el recorrido, sino para volver a casa. Cuando piensas eso es cuando la cabeza te juega una mala pasada, ya no vale el viejo truco de fraccionar distancias, el "venga 5 kilómetros mas y bebes un poco de agua como premio". Tomarte una carrera de 20k como si fueran dos de 10k es una manera muy útil de engañar a la cabeza, la verdad es que siempre me ha funcionado muy bien, pero cuando entras en el bucle pesimista de pensar en lo que te queda como un total en lugar de lo que ya has recorrido, no hay escapatoria posible. Esto es precisamente lo que me sucedió en el kilómetro 20, ya no buscaba ni tan siquiera un camino que enlazara con la ruta que me había propuesto seguir, con salir a la carretera me valía y era consciente de que eso suponía recorrer unos kilómetros de más. Ya empiezo a notar el cansancio y decido tomarme el gel que había echado en la mochila pero después de abrirlo me doy cuenta de que esta caducado de varios meses y no es plan de correr con dolor de barriga por la montaña y mucho menos estando perdido, así que decido guardarlo boca arriba en un estrecho bolsillo de la mochila para que no se derrame ese liquido viscoso y considerablemente pegajoso, nunca he tirado nada que no sea biodegradable al bosque ni voy a hacerlo ahora. Van pasando los kilómetros y después de pasar varias veces por lugares donde ya había pasado antes, por fin, encuentro un camino conocido y haciendo memoria recuerdo que termina en el "Condado de Jaruco" una rubanización de Lloret.
Una de las cosas que aprendes cuando llevas tiempo haciendo deporte de alto nivel es a escuchar en todo momento tu cuerpo, digestiones, carencia de algún nutriente, deshidratacion... es algo de lo que discuto con gente sedentaria o que practican algún deporte de manera esporádica y que no llegan a creer. Ya corriendo por camino conocido y mas tranquilo me doy cuenta de que estoy en estado de "semi pájara" aturdido, el agua de mi mochila ya no me causa esa sensación refrescante, me calma la sed pero no me aporta sales. Es normal, llevo casi 30 kilómetros sin ingerir nada más que agua, necesito sales, magnesio, potasio... Encuentro un restaurante donde me paro a comprar un aquarius bien fresquito, ¡El mejor aquarius que he probado en mi vida! ¡Esto ya es otra cosa!Justo cuando parece que el entreno remonta y todo vuelve a su cauce me doy cuenta de que al quitarme la mochila para pagar el aquarius el gel se me ha derramado y bajando una fuerte cuesta que me dejaría ya en la carretera dirección Blanes mi rodilla derecha empieza a dar problemas. Un fuerte pinchazo me impide correr, el mismo pinchazo que tuve meses antes en la Vallmar2014 (Granollers-Mataró). Corro cojo, ¡cojo y pegajoso! A duras penas, con un trote cochinero consigo llegar a una gasolinera en "Fenals" donde me compro un bocadillo de jamon (imaginaros lo que tardé en comérmelo), relleno la mochila de agua fria y me limpio las manos y la ropa de ese mejunje pegajoso. Tras un breve descanso decido emprender la marcha a casa por la costa en vez de por la carretera, ya no puedo ni siquiera trotar pero si que puedo andar. En un ataque de optimismo decido tomarme el resto de entreno como una salida de trekking y después de pasar por las clásicas calas de "Boadella" "Santa Cristina" y "Sant Francisco" decido subir al castillo de "Sant Joan" donde emprendo el camino rumbo a casa.

38 kilómetros de entreno nefasto pero a la vez constructivo.
Ya era hora de tener un mal entreno ¿no? porque de lo malo es de lo que mas se a prende.
Conclusiones:
Preparar a conciencia el material a la hora de hacer tramadas largas.
Fortalecer las rodillas.
Bajarse el track previamente de la ruta a seguir y no desviarse de ella por muy cerca de tu población o eufórico que estés.
Invertir en mochila nueva y calcetines, los productos del Decathlon no están preparados para correr una ultra de 65k, que se lo digan a las ampollas de mis pies.

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