Me había prometido a mi mismo que no convertiría la web en un blog monotemático sobre deporte, pero la salida de esta mañana bien se merece una crónica.
Tenia preparada una excursión desde la catedral de Girona al Santuari dels Angels y debido a cambios de última hora se decide posponerla, todo apuntaba a que seria una mañana de domingo de running como tantas otras.
8 a.m., abro los ojos, he pasado una noche rara creo que no he dormido bien, me acerco a la cocina y me hago unos de mis batidos-bomba de fin de semana, yogur, leche, miel, avena, plátano, almendras y proteína de suero. Con el baso en la mano me siento frente al ordenador y me preparo una lista de reproducción de 2 horas y 30 minutos de música mientras se carga mi teléfono. He decidido sobrepasar los 10 kilómetros rutinarios que hago entre semana, con hacer alguno de más me conformo. No tengo prisa, mantendré un ritmo cómodo y disfrutare del paisaje, hace mucho que no salgo a correr por bosque y la situación merece disfrutar del trayecto, me lo tomo como una pequeña excursión.
9 a.m., con el batido ya digerido y la indumentaria apropiada enchufo el Endomondo y empiezo a trotar, hace un bonito sol pero no corresponde con el fresco de la madrugada que, por lo visto, aún no a remitido. Me acerco las manos a la boca y las caliento con mi propio aliento esperando que mengue cuanto antes el molesto frescor. Llego al lateral del rio Tordera cuando el smartphone me canta el kilómetro uno, la sobrecarga de tibiales que llevo arrastrando desde hace una semana empieza a aflorar tímidamente, esta vez la sensación de agarrotamiento es distinta y no parece que me vaya a causar problemas como los días anteriores, tengo la certeza de que, si me relajo, en breve la molestia desparecerá.
Al contrario de lo esperado, en el kilómetro tres, la congestión de tibiales se acentúa y me planteo la posibilidad de parar a hacer estiramientos, mientras que lo discuto conmigo mismo me aproximo a una fuerte subida que me dejará en la carretera de Blanes a Palafolls. Las subidas me calman bastante la congestión ya que me obligan a impulsarme con los gemelos y relajar los tibiales. Ya en el arcén de la carretea dirección Blanes descarto la posibilidad de parar a estirar, irónicamente la subida le ha dado un respiro a mis congestionadas piernas.
No me gusta nada rodar cerca del tráfico, el zumbido de los coches al pasar por mi lado me estresan y apenas me dejan escuchar la música, el Endomondo me canta algo que supuestamente debe ser el kilómetro seis, con tanto ruido de coche no lo consigo descifrar. Comienzo a pensar en mis cosas, mantengo conversaciones conmigo mismo, tarareo las canciones que salen de mis auriculares, visualizo las montañas que se ven a lo lejos cual marinero divisando tierra firme, estoy deseoso de volver al bosque. Paso por delante de la Zona Esportiva y por fin me adentro al Bosc d'en Rabassa, me acabo de dar cuenta de que la congestión de tibiales a desaparecido por completo y llevo rato trotando con bastante armonía. Parece ser que ya he pasado la barrera del mal rollo y las piernas ya me fluyen como si no fuesen mías, todo son pensamientos positivos y una sonrisa tonta se refleja en mi cara como si me hubiera fumado un porro.
Parece mentira la complicidad entre personas que se respira cuando, dentro del bosque, te cruzas con alguien, todo el mundo se saluda con un efusivo "bon día!!", me crucé con cuatro grupos de ciclistas y todos, sin excepción, se preocuparon de informarme de que venían más para que no choque con ellos.
Subo por una de mis trialeras favoritas cuando salgo en bici, la de detrás de Can Bruno dirección Residencial Blanes, prácticamente brincando de roca en roca,de raiz en raiz y poniendo alguna que otra mano en el suelo me encuentro a un par de familias caminando, los cuales se percatan de mi presencia dejándome paso entre ellos, después de dar los buenos días, una mujer suelta algo como: "Collons!Quins pebrots!" sonrío y levanto el pulgar por encima del hombro dejándolos atrás.
Terminada la trialera giro a la izquierda dirección El Vilar, bajo el ritmo. No llevo pulsómetro pero, por sensaciones, creo que la subida me ha puesto entre el 80 o 90% de mi frecuencia cardíaca maxima, debo dosificarme un poco, ¡estoy muy lejos de casa y aún no he emprendido el camino de vuelta! Empiezo el ascenso al Turó del Vilar entre cuestas suaves y algún que otro llano a una media de 6:30 min/km no estoy cansado pero prefiero prevenir, ademas ya dije que me lo tomaría como una excursión, ¡nada de mirar el reloj!
Recibo una llamada, dudo en cogerlo, pero pienso que me vendrá bien descolgar así me distraigo unos segundos y no pienso en mis cansadas piernas ni me hago mala sangre pensando en el poco cuidado que tiene la gente ignorante con nuestros bosques. Descuelgo sin parar de correr, es mi padre pidiendo que le lleve algo de beber, que oportuno. Ahora no puedo dejar de pensar en tomarme un Aquarius bien fresquito, lo que me faltaba encima de la tortura física la psicológica también. Durante los tres kilómetros siguientes no se me va de la cabeza el momento de estirarme en mi casa y el ruido al abrir una lata bien fria de bebida isotónica.
Kilómetro 17, hace tiempo que no miro el reloj, mis piernas eclipsan todos mis discusiones personales, se me pasa por la cabeza el ponerme a andar. Estoy realmente cansado y la rodilla izquierda me empieza a doler, ya no busco comodidad de zancada, ni fluideza, ni mucho menos hacer buen tiempo, solo quiero terminar. Solo me quedan tres kilómetros para los 20, ¿te vas a poner a caminar ahora?. Ahoramismo eso es lo único que se repite en mi cabeza, sin darme cuenta empiezo a cojear de la pierna izquierda, los hombros están tensos, los codos pegados al cuerpo y un ligero hormigueo recorre mi nuca, estoy realmente fatigado.
En el kilómetro 18 una mezcla de euforia y extenuación recorre my cuerpo, empieza a sonar Marea en mi IPhone y me dejo llevar por el subidón, ¡sin duda voy a hacer mis primeros 20!. Al momento decido tomármelo con frialdad y bajar el ritmo ya que estoy al borde de lesionarme o caer en redondo al suelo. A falta de un kilómetro dejo el río atrás y tomo camino a mi casa, ya es considerablemente perceptible mi cojera, prácticamente me impulso completamente con el pie derecho. Emprendo la contundente subida hacia mi casa casi a la pata coja, "con los seis insufribles kilómetros que has pasado, esto para ti es pan comido" me digo a mi mismo.
El final de la cuesta me marca el final de la ruta, una sensación de satisfacción invade mi cuerpo. Recuerdo hace uno meses que no me hubiera ni imaginado que pudiera estar corriendo 2 horas y 12 minutos sin parar. Si cada reto que supero me va aportar una sensación de bienestar como esta, entonces espero que sea el primero de una larga lista de logros.
Hoy, una vez mas, he vuelto a ser mi ganador.
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